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VENDEDORES INFORMALES

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El primer ciclo en la universidad, nos sorprendió con una prolongada huelga de docentes, las pocas oportunidades en el mercado laboral, hacía que busquemos la forma de obtener ingresos monetarios, la “calle está dura” era el lema más escuchado y repetido por los universitarios. Juan consiguió a consignación 600 panetones “Riccos” de un kilo, en bolsa, nos incluyó en el negocio para venderlos en las fiestas navideñas. Existía pequeños inconvenientes a esta propuesta, el producto era nuevo, nadie lo conocía y además la presentación era en bolsa, lo que influía directa y en forma significativa en el consumidor final, a favor, el precio de compra dejaba un considerable margen de ganancias, respecto al precio de venta. -           Mañana los espero en el paradero a Ferreñafe, a las 4 am. Traeré 10 cajas de 6 panetones cada una. Sean puntuales – nos advirtió. Joel me miró, quiso decir algo y no lo hizo, cuando se trataba de negocios, Juan c...

EL CIRCO

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El anunciar su llegada, trastocaba la quietud del pueblo. Siempre había un antes y un después, a partir de esa palabra mágica: El circo. Grande o pequeño-este último era el más frecuente- lo importante era compartir un sano entretenimiento en familia. El circo “Ringling”, llegó con varios tráileres transportando la carga. Se instaló en el estadio de la ciudad, en un recinto circundado por altas paredes de ladrillo. Leones, tigres, elefantes y ponys, se dejaban notar. Su carpa era impecable y majestuosa. El día del estreno, la combinación de luces, llenaron la atmósfera de color y magia. Mi padre nos llevó a presenciar el espectáculo. El recinto lucía un lleno total. El maestro de ceremonias hizo su ingreso, estallando el público en estruendosos aplausos. La función había empezado. Desfilaron temerarios acróbatas, enigmáticos magos, malabaristas y los infaltables payasos. El anuncio del domador de fieras, envolvió el recinto en un expectante silencio. Cinco bien cuidados feli...

EL RIO

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En los meses de verano el caudal del río aumentaba por la temporada de lluvias en la sierra. Coincidía siempre con las vacaciones escolares, el agua venía turbia y arrastraba ramas y troncos, algunas ocasiones animales. Con el transcurrir de los días, se tornaba cristalino y pasaba a formar parte de nuestra diversión diaria. Cruzaba la carretera panamericana norte, había un puente de concreto en esta parte. Los más osados se lanzaban desde el puente y caían en sus aguas, ante el estupor de los bañistas. Una mayoría aprendió a nadar en este serpenteante río. Desde nuestro barrio estaba a 20 minutos a pie. Salíamos por la mañana y retornábamos al atardecer, hambrientos y con los ojos rojos. Era casi seguro que recibíamos una buena paliza por el exceso de tiempo empleado en aquel lugar. Tenía la forma de una “L” invertida, justo en el punto donde cambiaba de rumbo, chocaba con un barranco de tierra dura, el cual nos servía como trampolín, para lanzarnos de cabecita o haciendo acro...

INESPERADO VISITANTE

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Un insecto que al verlo concentraba mi atención era la libélula. Desde los movimientos que utilizaba para desplazarse, sus vivos colores y la forma de su anatomía, hacían que cada vez que estaba en el campo, las buscara incansablemente, sólo por el placer de observarlas. En temporadas de lluvia, su presencia era más notoria. Muchas veces, las encontraba revoloteando alrededor de una lámpara o una luminaria de los postes. Su indudable gracilidad, elegancia y belleza unidas a su inocuidad para el ser humano y sus intereses siempre han despertado admiración. Son verdaderas danzarinas del aire. Si hay una comparación inevitable para este insecto, es relacionarlo con un helicóptero. La forma y movimientos se asemejan mucho, incidiendo a que hagas volar tu imaginación. Cuando era niño, los únicos helicópteros que pude ver estaban en fotografías, películas o representados en un juguete. Hasta aquella tarde de domingo, día de fútbol, reuniones familiares y compras semanales. La quietud d...

TOCANDO EL CIELO

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Las “modas” llegaban como vientos en la cara, no sabíamos quienes la iniciaban, ni quienes la finalizaban, sólo quedaba pasarla bien. Así, teníamos la temporada de “trompos”, “boleros”, “coches”, “chapitas”, “kiwi”, “cometas” y tantas otras. Esta última, sobresalía pues involucraba a más personas. Desde hacer la cometa en perfecta simetría, cortes y grosor de los palos, papel de colores, tirantes, cola de tela en preciso peso y longitud, era un proceso con pasos a seguir. Asimismo, la persona que sostenía la cometa hasta que agarre vuelo, debía tener cuidado, de lo contario corrías el riesgo de terminar con algún corte en el cuerpo. Al momento de levantar vuelo la cola de la cometa con cuchillas “Gillete”, podía llegar a rozarte dejando marcas de por vida. Mi casa estaba a la espalda de la Iglesia que con sus tres torres representaba una ventaja, ya que este edificio nos servía como barrera natural, al momento de hacer volar nuestro “moscón” (al tener flecos en la punta emitía un s...

TOCATA Y FUGA

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Atrás quedó el colegio primario, ahora en primero de secundaria las cosas serían diferentes. Tan pronto como se iniciaron las clases, salió la convocatoria para integrar la banda de músicos del colegio. Fueron 80 ilusionados y entusiasmados inscritos. El director de la banda no era del lugar, venía de una ciudad vecina a formar a los futuros músicos los fines de semana. De baja estatura, escaso cabello cano, contextura delgada, su nombre Luciano Quiroz. Pronto descubriríamos su peculiar método infalible, para aprender a tocar un instrumento musical. Con la banda de músicos del colegio de su ciudad, había ganado diversos concursos nacionales, inclusive había vencido a la “leyenda” Victorino Amaya, director de la banda del Colegio Nacional “San José” de Chiclayo. Nos citaron un sábado, el salón explotaba de alumnos deseosos de aprender a tocar. Me incliné por el saxofón, el sonido que emite este instrumento de viento, había despertado mi interés. La clase fue desde las 08:30 hasta las 1...

EL ARBOL DE MANGO

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Llegó el ansiado domingo. Me levanté más temprano de lo habitual, mi madre ya se encontraba en la cocina preparando el desayuno. Mis hermanos aún dormían. -           ¿Te caíste de la cama? ¿Anoche hiciste demasiado ruido? - preguntó. -           Buenos días, amá. No podía dormir, ¿Sabes?, hoy juega mi equipo el Cruz de Chalpón contra Olmos Club, ¿Quién crees que ganará? – pregunté. -           Olmos 2 a 0 – respondió sin titubear, mientras preparaba unos huevos revueltos. Siempre mi viejita apostaba por el equipo contrario. No sé porque hacia eso, pero el efecto inmediato era un fastidio pasajero. Desayuné con rapidez y me fui en busca de mi amigo “Django”, cómplice de mil aventuras, tenía 12 años cumplidos, un año menos que yo. De risa contagiosa, mirada dormilona y caminar bamboleante. El apodo se lo puso su padre, pues de pequeño imitaba a...